Esta semana estuve en MADRID, hablando con algunos amigos y tratando de imaginarme si esa era la ciudad en la que quería vivir.Estuve viendo a gente para hacerme una idea de como son los hospitales en Madrid y como funcionan las cosas...teniendo en cuenta que es una de las posibilidades con más futuro pero nada serio de momento.Escuché muchos consejos y muchas vivencias. Los más destacados fueron:
- "Debes visitar hospitales porque llega un momento que te das cuenta que ese es tu sitio"...Tengo que reconocer que esto me desconcertó totalmente, tantos años de vida y debo estar en el sitio equivocado...porque nunca ( nunca) he tenido esa sensación. No sé como ocurre eso; por ahora no he visto carteles luminosos que digan " Sara, te estamos esperando" y honestamente espero nunca verlos...
-"A la hora de plantearte un hospital debe tener un aeropuerto con Ryanair cerca". Este consejo me pareció más sencillo...solo es cuestión de hacer una lista y poner un punto extra a aquellas ciudades con aeropuerto.
-"Debes escoger entre un hospital pequeño-mediano-grande". Entiendo las diferencias pero no sé donde quiero estar,no sé que prefiero...y no sé si lo voy a saber.
Bueno dejando de lado el tema formal de la cuestión. La pregunta es si realmente me gusta Madrid...Hacía tiempo que no pasaba unos días relajados en la capital...Cada vez que vuelvo con tiempo, hay algo que me llama la atención.En este caso fue que la gente en el METRO va conectada al iPod o al Mp3,antes se veía esto pero no estaba tan generalizado y no afectaba a gente de todas las edades...No es que sea malo pero me resulta un poco extraño,perdón, extraño no es la palabra adecuada...Me parece que cada vez más tratamos de sacar el máximo rendimiento al tiempo pero con el peligro de abstraernos en nuestro mundo, en nuestra música, en nuestras ideas...con la sensación de que toda aquella gente no tenía nada en común quizás su propia vanidad, no lo sé...pero a la vez quería decirles que apreciasen lo cotidiano, que disfrutasen del viaje, que no se empujasen para coger un asiento, que fuesen capaces de ver algo más de aquel tiempo...Camino y regreso de Madrid, había NIEVE y nevó un poco...Pensé en si a pesar de los auriculares, podían imaginarse que había nieve a pocos kilómetros...Un paisaje lleno de nieve siempre me deja con la boca abierta, por su inocencia, por su belleza, por su pasar desapercibido y porque otro mundo quizás llegue a ser posible...Por eso,pensé si algún día me ocurriría eso a mí...si algún día perdería la capacidad de observar, de imaginarme vidas ajenas, de aprovechar las ventajas de la ciudad sin quedarme con sus defectos.
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(Post Secret, 19-Febrero-2006).