jueves, febrero 05, 2009

La consulta.

Fue un día extraño. La mañana iba pasando e íbamos mal de hora. Casi una hora de retraso es ir mal de hora. La pareja entró en la consulta. Ella tenía una de esas enfermedades raras que nadie tiene, una de esas que no generan empatía por el mero desconocimiento. Hablaba de forma pausada acerca del dolor que su dolencia le producía, las noches que se pasó llorando y lo bien que ahora estaba. Una de esas historias que escuchas de forma frecuente, la vida misma.
Y él lo preguntó..."¿ Les puedo hacer una pregunta?"....Claro, díganos..."¿ Y quién sufre más el paciente o los que le vemos sufrir?"....Y le miramos, le miramos con los ojos bien abiertos. No era una pregunta cualquiera, no era acerca del próximo análisis o del colesterol. No era ese tipo de pregunta. Era una pregunta desde el fondo del alma. Una de esas preguntas que no tienen respuesta. Y que te deja sin aliento, tartamudeando un susurro y no puedes quedarte en silencio, no puedes bajar la mirada, no puedes no existir...Y respondes...respondes una necedad, porque una pregunta como esa no se puede responder cuando llevas casi una hora de retraso...Y respondes...El sufrimiento no se mide, se vive...No sabemos quién sufre más, no lo podemos imaginar pero es real...El sufrimiento es una realidad tangible...Y el hombre nos mira mientras asienta...Y los cuatro nos quedamos en silencio...No se puede vislumbrar el fondo de un corazón y seguir como si nada...no es posible, no debería serlo...

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